Crisis epilépticas

Crisis epilepticas Generalizadas
Las Crisis Generalizadas se manifiestan por pérdida de la conciencia sin “aviso” alguno (ej. crisis de Ausencias), pueden asociarse a convulsiones (tónicas, clónicas, tónico-clónicas, mioclónicas) o a pérdida del tono muscular (crisis atónicas).

Crisis epilepticas de Ausencia:
Esta crisis se presentan más frecuentemente en niños (especialmente del género femenino) entre los 5 y 12 años de edad, son precipitadas por la hiperventilación, se manifiestan por un inicio súbito (sin “aura”), desconexión del medio y se pueden asociar ocasionalmente a parpadeo, atonía, automatismos y manifestaciones autonómicas. Tienen una duración menor a 10-15 segundos. La mitad de los casos de crisis de ausencia ceden espontáneamente en la adolescencia, mientras que la otra mitad de los pacientes persisten con ausencias o desarrollan crisis tónico-clónicas generalizadas (CTCG).

CTCG:
Se caracterizan por una convulsión bilateral o focal. Hay pérdida de la conciencia. En la fase tónica existe aumento del tono muscular (flexión seguida de extensión), con “grito” debido a un aumento del tono de músculos laríngeos, mientras que en la fase clónica hay convulsión bilateral. Las manifestaciones autonómicas son prominentes. No es rara la presencia de incontinencia urinaria. En el periodo postictal existe aumento del tono muscular seguido de flacidez, confusión, mareo, somnolencia, mialgias y fatiga.

Crisis epilepticas mioclónicas:
Se presenta con movimientos producidos por contracciones musculares breves, súbitas, generalizadas o localizadas, simétricas o asimétricas, sincrónicas o asincrónicas. Dado su brevedad, una alteración en la conciencia es difícil de determinar, aunque pudiera no presentarse. Crisis tónicas: se producen más frecuentes en niños entre 1 y 7 años de edad. Se caracterizan por un aumento en el tono de músculos axiales o de las extremidades, pérdida de la conciencia, manifestaciones autonómicas prominentes y periodo postictal breve.

Crisis epilepticas atónicas:
Presentan una pérdida del tono de ciertos músculos produciéndose un síndrome de “caída de la cabeza” o “caídas al piso” (“drop attacks”).

Crisis epilepticas clónicas:
Son más frecuentes en niños de 1 a 12 años de edad. Durante las crisis epilepticas hay pérdida de la conciencia, hipotonía súbita y breve o espasmo tónico generalizado seguido por convulsión bilateral asimétrica. El periodo postictal puede ser breve o prolongado.

CP/CF
Se manifiestan de acuerdo al sitio cortical de inicio y a la propagación a otras áreas corticales.

Crisis epilepticas del lóbulo frontal:
Son las CP/CF más frecuentes después de las originadas en el lóbulo temporal. Se pueden originar en la región precentral y área motora suplementaria (más conocidas) o en la región prefrontal (menos estudiadas). Las crisis epilepticas originadas en la región precentral se caracterizan por presentar como manifestación clínica un movimiento clónico focal (generalmente contralateral a la zona epileptogénica) con marcha Bravais-Jacksoniana (debida a propagación a áreas motoras adyacentes), postura tónica (generalmente contralateral), versión oculo-cefálica (generalmente contralateral) y movimiento de “sobresalto” (“startle”). Las crisis epilepticas del área motora suplementaria se caracterizan por posturas tónicas asimétricas (postura “de espadachín” –“fencing”-), versión oculo-cefálica alternante, afasia motora y ocasionalmente preservación del estado de alerta en presencia de postura tónica bilateral. Las crisis epilepticas de la región prefrontal se manifiestan por síntomas psiquiátricos (conducta pseudoemocional, pensamiento o mirada “forzados”), uresis y versión ocular tónica. Las crisis del lóbulo frontal pueden también manifestarse por vocalizaciones y afasia motora (no localizante, ocasionalmente asociada a mirada fija –“staring”-), automatismos y gesticulaciones y menos frecuentemente, manifestaciones sensitivas, autonómicas y emocionales (crisis gelásticas –“ataques de risa”). Habitualmente tienen inicio y fin abruptos, propagan rápidamente, tienen un periodo postictal breve o ausente, se caracterizan por ser breves (<30 segundos) y “en salvas”, con la posibilidad de desarrollar estado epiléptico (crisis de >30 minutos de duración o crisis repetitivas sin recuperación del estado de alerta entre ellas) y de presentarse durante el sueño (Bartolomei F & Chauvel P, 2000).

Crisis epilepticas del lóbulo temporal:
Se manifiestan habitualmente por CPC (80% de las CPC se originan en este lóbulo, casi el 20% restante en el lóbulo frontal). Las CPS/CPC del lóbulo temporal cuando se originan de la región mesial se presentan inicialmente con sensación epigástrica ascendente, manifestaciones emocionales (sensación displacentera o de miedo, sensación placentera, de éxtasis o de serenidad, crisis gelástica, depresión, furia, enojo, irritabilidad, conducta violenta, reacción afectiva inapropiada, euforia y sensación erótica -excitación, orgásmica-), alteraciones cognitivas y dismnésicas (desorientación temporal, estado onírico, déjà vu, déjà entendu, jamais vu, jamais entendu, déjà véçu, visión panorámica, sensación de irrealidad, de separación o de despersonalización), ilusiones o alucinaciones olfatorias –uncinadas- o gustatorias. Estas crisis epilepticas en una segunda fase el paciente presenta mirada fija, desconexión del medio, automatismos oroalimentarios (chupeteo, masticación), sialorrea, automatismos motores (generalmente ipsilaterales a la zona epileptogénica), movimientos exploratorios (“vagabundeo”) e hiperventilación. En etapas tardías pueden presentarse postura tónica bilateral y versión oculo-cefálica. En el periodo postictal puede haber confusión, tos, alteraciones del lenguaje y psicosis. La epilepsia del lobulo temporal se manifiesta por síntomas dismnésicos, alucinaciones egosdistónicas que pueden ser gustatorias, visuales o auditivas complejas, vértigo, afasia sensitiva, síntomas sensitivo-motores (distonía contralateral, arqueo y rotación corporal) y automatismos oroalimentarios. A diferencia de las crisis mesiales, las crisis temporales neocorticales no presentan sensación epigástrica ascendente y los automatismos son menos frecuentes (Elger CE, 2000).

Crisis epilepticas del lóbulo parietal:
Se manifiestan por síntomas somato-sensoriales (generalmente contralaterales) con marcha Bravais-Jacksoniana. Estos síntomas pueden ser experimentados como hipoestesia, parestesias, dolor neuropático, además de postura tónica o movimientos clónicos. También se presentan ansiedad y “sensación experiencial”, apraxias, trastornos de la imagen corporal, alucinaciones gustatorias, “sensación sexual” y manifestaciones por propagación a otros lóbulos (Williamson PD, 2000).

Crisis epilepticas del lóbulo occipital:
Se caracterizan por presentarse alucinaciones visuales consideradas anormales por el paciente, que se presentan en el hemicampo visual contralateral o bilateral, las cuales pueden ser simples (“flash”, fotopsias, formas geométricas simples, letras o números) o complejas (macro o micropsias, metamorfopsias, acromatopsia o discromatopsia, déjà vu, escenas animales o personas). También los pacientes pueden tener amaurosis uni o bilateral, versión oculocefálica (generalmente contralateral a la zona epileptógena), “flutter” palpebral, parpadeo forzado, sensación de retracción ocular y síntomas asociados a propagación infra o supresilviana (Guerrini R et al, 2000).

Introducción // ¿Qué es la Epilepsia?

Grandes mentes de la historia humana como Sócrates, Platón, Dostoievski, Lord Byron, Napoleón, Alfred Nobel, entre muchos otros personajes padecían epilepsia en alguna de sus formas.
La epilepsia es una enfermedad sin una representación geográfica de incidencia o prevalencia, no es predominante en ninguna raza, sexo o condición social. Las consecuencias de la epilepsia pueden llegar a ser graves en 3 niveles: social, psicológica y económicamente.
La epilepsia es un padecimiento que no tiene cura. Se controla por medio de fármacos y de otras terapias alternativas (como la alimenticia), sin embargo se ha demostrado que mantener una política de salud preventiva puede tener éxito pues algunas de las causas de la epilepsia son evitables como la desnutrición, infecciones en el sistema nervioso central, accidentes o problemas durante el embarazo y parto. Pero, ¿Qué es la epilepsia?
Definición de epilepsia
La palabra epilepsia proviene del griego “ἐπιληψία” Epilambanein, que significa “Siendo presa de fuerzas desde el exterior”. Desde el siglo X es utilizada la palabra epilepsia para las personas con este trastorno neurológico.
La epilepsia es una enfermedad crónica que se caracteriza por uno o varios trastornos neurológicos que provocan convulsiones recurrentes debido a una actividad neuronal cerebral sincrónica anormal y excesiva. Dichas convulsiones ocurren cuando las neuronas (grupos de células nerviosas) envían señales erróneas, de modo que las personas con epilepsia pueden experimentar sensaciones o emociones raras o actuar de forma extraña o incongruente. Los espasmos musculares violentos o la pérdida del conocimiento suelen acompañar a las convulsiones.
La definición que la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos da de la epilepsia es: “Afección crónica de etiología diversa, caracterizada por crisis recurrentes debido a una descarga excesiva de neuronas cerebrales, con pérdida o no de la conciencia, asociadas a diversas manifestaciones clínicas y para clínicas, que puede ocurrir a cualquier edad”.
La epilepsia consiste básicamente en una manifestación exagerada del funcionamiento del cerebro como consecuencia de una descarga excesivamente desproporcionada y anormal de grupos de neuronas de la corteza cerebral.  Las manifestaciones clínicas de una crisis de epilepsia pueden ir desde una pérdida transitoria de la conciencia (ausencias) que puede estar asociada o no a dolores de cabeza, movimientos y contracciones involuntarios de los músculos o bien, manifestarse como la pérdida del tono muscular o como una sensación subjetiva.
En el mundo existen aproximadamente 50 millones de personas con epilepsia, según los datos de la OMS el 85% de los pacientes epilépticos se encuentran en países en desarrollo. Mientras, en México, de acuerdo con el Programa Prioritario de Epilepsia de la Secretaría de Salud del año 2007, se estima que el número de personas con epilepsia en México fue de un millón.
En la ciudad de México, el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez”, reportó una prevalencia de epilepsia de 18 casos por cada 1 000 habitantes, en contraste con el informe de la de la Secretaria de Salud que estimó 12 casos por cada 1 000 habitantes en el año 2001.
La epilepsia afecta al 1% de la población mundial. En el año 2008 se reportaron 50 millones de personas con diagnóstico de epilepsia, de los cuales 5 millones se encontraban en América Latina. La prevalencia de la epilepsia ajustada por grupo de edad en México, Chile, Colombia, Cuba, Guatemala y Uruguay 10 a 25 por 1 000 habitantes) contrastan con la de Estados Unidos (6 por 1 000 habitantes).
En México, la epilepsia tiene una mortalidad del 4%.

Causas de la Epilepsia

El 77% de los casos de epilepsia se inicia en la infancia, por lo que se le considera un trastorno de inicio temprano, el 33% restante puede manifestarse después de los 12 años. La causa de la enfermedad tardía es distinta. En el caso de la epilepsia temprana las etiologías más comunes son relacionadas son el traumatismo neonatal, la anoxia y el sufrimiento fetal. Los traumatismos, enfermedades degenerativas e infecciones del sistema nervioso central son las causas de las epilepsias tardías.
En México la Secretaría de Salud calculó que en el año 2004 el 39% del total de los casos reportados en el país refirieron algún tipo de epilepsia, esta cifra que revela una frecuencia y prevalencia alta, aún mayor que en Europa, Asia y Estados Unidos, países donde las condiciones de salud como las complicaciones en el embarazo como parto prematuro, parasitosis (neurocisticercosis), meningitis y desnutrición no son tan frecuentes y su control es mucho más efectivo.
La epilepsia ocurre cuando los cambios del tejido cerebral provocan un estado de excitación o agitación anormal o excesiva, de modo que el cerebro envía señales anormales ocasionando crisis convulsivas repetitivas e impredecibles. Sin embargo, cabe destacar que una sola convulsión que no se repite no precisamente debe relacionarse con epilepsia.
La epilepsia puede tener su origen en una lesión que afecta al cerebro, o puede tener una causa desconocida (epilepsia idiopática). Las causas más comunes de la epilepsia son:

  • Accidentes cerebrovasculares
  • Demencia (como Alzheimer)
  • Traumatismo cerebral
  • Infecciones neurológicas como abscesos cerebrales, meningitis o encefalitis
  • Traumatismos cerebrales perinatales o durante el parto (anomalía cerebral congénita)
  • Trastornos metabólicos presentes al nacer
  • Tumores cerebrales
  • Vasos sanguíneos anormales en el cerebro
  • Enfermedades que dañen o destruyan el tejido cerebral
  • Uso constante de medicamentos como antidepresivos, tramadol, anfetaminas o drogas como la cocaína
  • Antecedentes familiares de epilepsia o crisis convulsivas

Las crisis epilépticas suelen comenzar en la infancia y, aunque son más frecuentes entre las edades de 5 y 20 años, pueden suceder a cualquier edad.

Síntomas de epilepsia

Los síntomas de la epilepsia varían de una persona a otra. En algunas personas se presentan periodos simples de ausencias mientras que otras tienen pérdida del conocimiento y temblores violentos. Los síntomas de epilepsia dependen del tipo de crisis epiléptica, esto es por la región cerebral afectada.
Cabe destacar que la mayoría de las veces las crisis de una persona son similares a la previamente experimentada. Algunas personas tienen sensaciones extrañas antes de una convulsión como hormigueo, percepción de olores que nadie más percibe (o que no existen), sensaciones de lo ya vivido o deja vú o cambios emocionales. A esto se le denomina aura.

Episodios de Ausencias

Esta alteración de la función cerebral es breve, generalmente menor a los 20 segundos, y se debe a la actividad eléctrica anormal en el cerebro. Podemos identificar un episodio de ausencia al observar al paciente con la mirada fija o perdida, como si estuviera ausente durante varios segundos y frecuentemente se presenta junto con movimientos de la boca. Se perciben cambios motores pequeños como parpadeos, chasquidos de labios, giros de la cabeza o del cuerpo, etc.

Las ausencias pueden ocurrir muchas veces al día, las notemos o no. Pueden presentarse durante semanas o meses antes de que sean notadas por los padres, interfiriendo en muchas ocasiones con el aprendizaje y desempeño escolar. Es importante hablar con los maestros de los niños con crisis de ausencia pues estos episodios pueden considerarse como falta de atención o mal comportamiento.
En los niños, las dificultades en la escuela y problemas de aprendizaje sin otros motivos pueden ser el indicio de episodios de ausencia.

Durante las crisis de ausencia las personas pueden dejar de caminar, moverse, interrumpirse en medio de una frase y retomar lo que hacía unos segundos después. Generalmente las personas no caen durante el episodio de ausencia, aunque posteriormente no sean conscientes de esta.

Existen otros episodios de ausencias llamadas ausencias atípicas que comienzan de manera más lenta pero duran más tiempo. Los síntomas de epilepsia son similares, pero los cambios en la actividad muscular son mucho más notorios. 
Las crisis convulsivas, ataques convulsivos o convulsiones se refieren a una disfunción cerebral súbita que ocasiona que la persona se desplome, sacuda todo su cuerpo o parte de él. Las crisis convulsivas pueden ser acompañadas de pérdida del conocimiento o de cambios en el nivel de conciencia. Y son consideradas síntomas de epilepsia.

Las crisis convulsivas se dividen en:

  • Crisis mioclónicas. Se caracterizan por rápidas sacudidas musculares.

 

  • Crisis tónicas. Contracciones musculares repentinas y bruscas de uno o más músculos, duran menos de 20 segundos y ocurren con frecuencia en la fase de sueño profundo.

 

  • Crisis atónicas. Consisten en un periodo muy breve de pérdida de la fuerza, caída de la cabeza, brazos e incluso el individuo se desploma súbitamente en el piso.

 

  • Crisis clónicas. Estas crisis ocurren en el recién nacido o en niños menores a un año; hay sacudidas musculares bruscas breves seguidas de otras que duran más tiempo pero a diferencia de la crisis tónica, no hay cansancio ni confusión posterior a la crisis.

Crisis tónico-clónicas

Estas convulsiones son los íconos de la epilepsia, son las más representativas como síntomas de epilepsia: el inicio de la crisis es brusco, con pérdida de la conciencia, puede acompañarse por mordedura de lengua o carrillo bucal. La fase tónica inicial se caracteriza por la contracción de los músculos flexores y extensores que terminan en una fase de relajación donde la confusión es seguida por un sueño profundo. Estas crisis no duran más de 3 minutos.

Cuadro clínico del sindrome convulsivo

De las urgencias neurológicas, las crisis convulsivas ocupan el segundo lugar en incidencia, después de los accidentes cardiovasculares. Aunque las crisis convulsivas no causan riesgos a la vida del paciente una intervención oportuna puede prevenir problemas a la salud. Este síndrome es un conjunto de crisis convulsivas recurrentes, ocasionadas por epilepsia; a continuación presentamos un video donde se explica a detalle el cuadro clínico del síndrome convulsivo en pacientes con epilepsia, acompáñenos e informese en este material que le compartimos:

 

Qué es la Epilepsia Mioclónica Juvenil?

También conocida como el Síndrome de Jans, la epilepsia Mioclónica Juvenil (EMJ) es un tipo de epilepsia de la cual se desconoce su causa que se caracteriza por ataques que provocan sacudidas involuntarias de las extremidades, principalmente de las piernas. Este tipo de sacudidas afectan todo el cerebro cuando suceden, sin embargo la persona que sufre el ataque no presenta pérdida del conocimiento.

Este no es el tipo más común de epilepsia, sin embargo es común, y suele responder bien a los tratamientos médicos anticonvulsivos. Hay ciertos detalles de esta enfermedad que la ayudan a distinguirse de los otros tipos, como los ataques matutinos, la edad en la que se desata la enfermedad, insomnio y problemas psicológicos específicos. A decir de los médicos esta es una enfermedad que generalmente tiene un pronóstico bueno y responde muy bien a los tratamientos.

La EMJ no es una enfermedad que esté ligada a tumores cerebrales o encefalitis, es una enfermedad de la que hasta ahora no se conoce la causa exacta, sin embargo aproximadamente un tercio de los pacientes con epilepsia mioclónica juvenil tienen historial familiar positivo en epilepsia. Generalmente para lograr un diagnóstico correcto de esta enfermedad, se debe acudir a la clínica para las pruebas de rutina que detectan el tipo y gravedad de la epilepsia que ataca. Generalmente la EMJ se caracteriza por:

  • Síntomas que comienzan en la adolescencia con mioclonías (sacudidas involuntarias) en la mañana.
  • El paciente no pierde la conciencia al sufrir el ataque y la inteligencia no se ve afectada
  • La privación del sueño y el estrés emocional son factores que favorecen la presentación de las crisis.
  • Las sacudidas son arrítmicas, breves y bilaterales.
  • También se presentan con la foto estimulación y el consumo de alcohol.

Para lograr diagnosticar esta enfermedad es necesario someter al paciente a estudios como Electroencefalograma que utilice el procedimiento de privación del sueño y foto estimulación. Generalmente esta enfermedad se puede tratar con Ácido Valpróico y/o acompañado de otros medicamentos anti convulsivos.

Se recomienda que mientras se lleva a cabo el tratamiento se evite el manejo de maquinaria pesada y la práctica de deportes como la natación. No hay que temer a esta enfermedad ya que no es muy difícil de controlar y el 80 por ciento de las personas que se tratan, pueden llevar una vida completamente normal.

¿Qué son las crisis de ausencia?

El cuerpo humano a pesar de ser perfecto en ocasiones presenta algunas fallas que se pueden arreglar con la ayuda de la tecnología o los tratamientos médicos. Uno de los daños más importantes es la mala comunicación entre las neuronas cerebrales, que ocasionan desde falta de atención hasta ataques epilépticos que pueden causar graves daños a la salud. Existen distintas clases de crisis epilepticas, hoy hablaremos de las crisis de ausencia, conocidas también como Convulsiones Petit Mal .

El cerebro funciona y se comunica entre sus partes a través de impulsos eléctricos, facilitando la transmisión de reflejos, memorias y sensaciones al cuerpo entero; nuestro cuerpo entero depende del buen funcionamiento de las sinapsis cerebrales. En el caso de las personas que sufren de epilepsia estas señales se vuelven anormales en intensidad y regularidad, por lo que las reacciones del cuerpo también se transforman para mal.

La crisis de ausencia puede causar pérdida de conocimiento que generalmente dura máximo treinta segundos y es difícil de notar para las personas externas, pues los síntomas no son muy perceptibles. Muchas veces, cuando la crisis sucede quien la padece puede no darse cuenta a tal grado que las personas pueden llegar a presentar de 50 a 100 crisis en un día sin que lo note; al terminar la crisis, la persona regresa a sus actividades normales sin darse cuenta de lo que acaba de pasar.

Las crisis de ausencia suelen ser un indicador de que la persona padece epilepsia o es propensa a sufrirla, generalmente se da en niños y adolescentes, siendo el lapso más común entre los 5 y los 15 años y con mayor incidencia en niñas que en niños; en muchas ocasiones el factor genético influye. Pero, precisamente por su discreción es difícil reconocerla. Si vemos a nuestro hijo con la mirada fija a un punto, quieto, moviendo sus extremidades violentamente o parpadeando rápido, puede estar sufriendo un episodio de ausencia, no se alarme, lo mejor es esperar a que la crisis pase y procurar que la persona que la sufra no se haga daño físico con las cosas que le rodean.

Es importante asistir con un profesional si notamos alguno de estos síntomas en nuestro hijo, ya que pueden estar indicando el inicio de algo más fuerte que necesite tratamiento médico para evitar la falta de concentración escolar y la dificultad de realizar ciertas actividades físicas.

Fotosensibilidad; cuando la luz causa convulsiones

Muchos hemos escuchado que algunas caricaturas o películas han causado crisis epilepticas a niños y adultos alrededor del mundo, causando polémicas y solicitudes para la cancelación de dichos programas televisivos; lo cierto es que estas convulsiones se deben a que ciertos estímulos visuales son percibidos con mayor intensidad por las personas con hipersensibilidad a la luz, característica que afecta al 5% de los pacientes epilépticos.

La hipersensibilidad a la luz o fotosensibilidad puede estar o no asociada a la epilepsia, en su mayoría de tipo idiopático y suele tener mayor incidencia en la pubertad. La forma más eficaz para confirmar la presencia de la fotosensibilidad es a través de un Electroencefalograma (EEG) con estímulos luminosos.

Las primeras menciones sobre epilepsia fotosensible datan del siglo I a.C., sin embargo fue hasta después de la invención del EEG en 1946 que se pudo describir y registrar el efecto de los Estímulos Luminosos Intermitentes (ELI) por medio de distintos estudios realizados dentro del contexto de la clinica de epilepsia para brindar un mejor diagnóstico.

Tanto la epilepsia fotosensible como las convulsiones reflejas pueden ser ocasionadas por estímulos sensoriales, motores o cognitivos específicos, las crisis relacionadas con estímulos visuales se conocen como crisis “visuoinducidas” para las cuales la fotosensibilidad no es el único factor: también interviene el patrón de sensibilidad, las figuras geométricas con características espaciales o la estimulación cognitiva compleja y práctica como el movimiento ocular.

La fotosensibilidad se define como el efecto que los ELI (registrado durante un EEG) pueden producir en el cerebro del observador y que constan de estímulos nerviosos conocidos como Respuesta Paroxística (RFP). Al factor conocido como fotoestimulador se le relaciona con luces intermitentes, con frecuencia de 10 a 30 Hz, de color blanco: la luz estroboscópica, usada frecuentemente en películas y caricaturas infantiles, suele ser causa de convulsiones por su efecto acentuado cuando hay ausencia de luz natural.

Cabe destacar que estos efectos lumínicos son capaces de provocar respuesta en sujetos con epilepsia no fotosensible o en personas no epilépticas, pero no deben descartarse trastornos de sensibilidad a estímulos visuales.

La luz artificial no es el único fotoestimulador capaz de ocasionar convulsiones, la luz natural reflejada en objetos con patrones geométricos lineales o cuadriculados puede causar efectos fotosensibles, especialmente si los patrones se encuentran en movimiento: las escaleras eléctricas, las persianas, papel pintado e incluso la ropa estampada son ejemplos.

Causas de la fotosensibilidad

A través de muchas investigaciones se ha reportado factores genéticos como causa principal de la fotosensibilidad, este trastorno afecta a 1 o 2 de cada 100 mil personas; se presenta en 6 niñas por cada 4 niños y en el 5% de epilépticos. Este trastorno puede presentarse de los 2 a los 71 años de edad, siendo de los 5 a los 15 la edad más frecuente aunque suele diagnosticarse entre los 7 y 19 años. En algunos casos la fotosensibilidad desaparece en la edad adulta.

Personas con dependencia al alcohol a las benzodiacepinas suelen experimentar la desaparición repentina de la fotosensibilidad al abandonar el consumo de dichas sustancias.

Epilepsia visuoinducida

En los pacientes con epilepsia visuoinducida, las crisis convulsivas suelen comenzar con trastornos visuales prolongados como alucinaciones o ceguera parcial, a lo que pueden seguir signos como alteración de la frecuencia cardiaca o dolor de cabeza. Los síntomas visuales pueden durar varios minutos tras los cuales sueden suceder convulsiones de tipo tonicoclónicas, que se caracterizan por la rigidez de cuerpo y sacudidas.

Algunas epilepsias fotosensibles se ven afectadas por la luz solar: el reflejo de la luz del solar sobre el agua, la nieve o las calles, al viajar en automóvil o cuando la luz solar se filtra a través de las hojas de los árboles.

La televisión ha sido vista como un factor epileptógeno desde la década del 50 del siglo pasado, cuando se hizo popular su uso; en ese tiempo las imágenes eran proyectadas mediante rayos catódicos que generaban puntos brillantes y luminosos que, a una distancia menor al doble de la diagonal de la pantalla, era capaz de provocar una crisis convulsiva. Para el año de 1992 las televisiones contaban con una mejor frecuencia luminosa con menor brillo.

Los videojuegos, que si bien ocupaban al televisor como monitor, tenían un patrón de imágenes con capacidad epileptógena, los primeros casos se describieron en 1981 principalmente en personas con epilepsia fotosensible aunque también se presentaron en personas sin epilepsia ni fotosensibilidad. Además de los videojuegos, algunas caricaturas infantiles reunieron factores que sometían al espectador a un exceso de excitación visual y con alto contenido de violencia. Los actuales videojuegos se presentan en dispositivos con pantallas de tecnología moderna con menor saturación de patrones lumínicos que ha ayudado a reducir la incidencia en las crisis convulsivas.

Si bien la luz de los monitores de las computadoras es semejante a la de los televisores, la frecuencia de imagen en Hz y la cantidad de patrones visuales es inferior, por lo que se han reportado pocos casos de crisis ocasionada por su uso.

El abuso de ciertos rangos del espectro de color y luces estroboscópicas combinados con la manera de generar la imagen son los estímulos que suelen provocar efectos en el cerebro del paciente fotosensible.

Una vez establecido el diagnóstico de epilepsia fotosensible se realizará una valoración individual en cuanto a datos clínicos por medio del EEG con el que se medirá el grado de fotosensibilidad, posteriormente se seguirá la prescripción médica que el especialista indique así como los cuidados especiales que haya que tener.

Se recomienda el uso de gafas oscuras, polarizadas o con color para proteger la vista del sol; las gafas azules se recomiendan especialmente por la posición que el color ocupa en el espectro de colores. Otra medida es cubrir un ojo cuando se está frente a un fotoestimulador al que se tiene sensibilidad para reducir el riesgo de crisis. Evitar ver la televisión por periodos prolongados, a corta distancia y en habitaciones obscuras y, en general, evitar todo tipo de exposición a los factores que tengan identificados. Con estas simples medidas, los pacientes pueden llevar una vida prácticamente normal.

Transtornos más comunes

Padecer epilepsia no es fácil, no sólo son las crisis convulsivas, el estigma social y el miedo a convulsionar en cualquier momento, hay otras consecuencias psicológicas o emocionales que pueden ser causadas por el medicamento o por cuestiones del mismo paciente.

Depresión

La depresión es un 15% más frecuente entre los pacientes con epilepsia que en la población general, suele presentarse en pacientes con epilepsia de difícil control y pacientes con crisis persistentes que en epilepsias controladas. Aunque la calidad de vida del paciente epiléptico es mejor cuando se ve libre de crisis, la depresión se relaciona más con el control de las crisis epilepticas que con el número de crisis presentadas. Las causas de depresión pueden ser:

  • Reacción al diagnóstico de la enfermedad.
  • Efecto adverso de los fármacos anticonvulsivos.
  • En algunos tipos de epilepsia, como la epilepsia del lóbulo temporal mesial, suelen ser más frecuentes los casos de depresión.

El tratamiento de la depresión debe realizarse por el neurólogo o el epileptólogo que esté a cargo de la prescripción del medicamento anticonvulsivo para poder brindar la opción más adecuada para ambos problemas de salud. En algunos casos se recomienda acudir con un psicólogo para atender las cuestiones emocionales y brindar un plus al tratamiento medicamentoso.

Ansiedad

La ansiedad suele manifestarse con frecuencia en el paciente epiléptico, suele ser causada por la constante presencia de médicos, análisis clínicos, convulsiones, etc. La ansiedad se define como un estado emocional de reacción de miedo o aprensión anticipada de peligros o amenazas inespecíficos, esta reacción suele acompañarse de una activación del sistema nervioso autónomo.

En el paciente epiléptico, la ansiedad suele manifestarse por síntomas corporales de tensión física y aprensión respecto a no poder predecir o controlar sucesos del futuro próximo o lejano. Es comprensible que las personas con epilepsia tengan una mayor predisposición a presentar episodios de ansiedad debido a la impredecibilidad de sus crisis convulsivas.

La ansiedad suele presentarse en muchas patologías crónicas y puede ser necesario buscar ayuda de un psicólogo o un epileptólogo con especialidad psiquiatría para un mejor tratamiento.

Deterioro de la función cognitiva

Algunos pacientes epilépticos presentan serios problemas cognitivos, es decir una menor capacidad cerebral para procesar la información de manera precisa y programar una conducta adaptativa; este deterioro se traduce en la dificultad para resolver problemas, comunicarse, memorizar o enfocar su atención.

Existen innumerables investigaciones sobre el tipo de deterioro cognitivo en epilepsia, estos indican que los tipos de deterioro se encuentran dentro de los Trastornos Neurocognitivos Leves, que se traduce en una lentitud en tareas que requieren un procesamiento complejo de la información, dificultades de atención, concentración y memoria.

Sin embargo la causa exacta del deterioro cognitivo en la epilepsia no ha sido del todo explorada, se tiene claro que existen tres factores involucrados: la etiología de la epilepsia, el tipo de crisis convulsiva y los efectos colaterales del tratamiento. Es muy importante tomar en cuenta todos los posibles efectos colaterales de un tratamiento para poder tomar una decisión adecuada.

Psicosis

Los episodios de psicosis pueden presentarse de forma postical, ictal o interictal, es decir antes de presentarse una convulsión, mientras dura la convulsión o entre convulsiones. Suele caracterizarse por alteraciones cognitivas difusas, alucinaciones visuales y auditivas, delirio persecutorio, pensamiento ilógico y disgregado, lenguaje con alteraciones semánticas, alteración en el ciclo del sueño, incontinencia emocional, depresión o ansiedad.

Las personas que desarrollan psicosis crónicas suelen tener tipos de epilepsia severa que involucra múltiples tipos de convulsiones, sindrome convulsivo o estatus epiléptico y resistencia al tratamiento con fármacos.

Es muy importante acudir con médicos expertos en el tratamiento de epilepsia para tener un mejor pronóstico y calidad de vida a corto y largo plazo.

El Aura en Epilepsia

Las personas con epilepsia viven muchas situaciones que sólo ellos pueden comprender exactamente; el aura es una de las crisis epilepticas de tipo parcial más investigadas debido a la complejidad de sus efectos y sensaciones. Se conoce como aura a la activación de un área cortical causada por una descarga neuronal anormal, unilateral, localizada y breve en la que la conciencia se preserva.

Esta descarga eléctrica suele ocurrir en una sola región cerebral, por lo que constituye una crisis parcial simple; sin embargo, en investigaciones realizadas por especialistas en clinica de epilepsia se han encontrado casos de crisis parciales complejas, con daños a la conciencia o crisis tónico clónicas. El aura puede durar solo unos segundos o varios minutos dependiendo de su tipo. Las auras se clasifican en:

  • Aura viscerosensoriales. También conocida como aura autonómica o aura gástrica es la más frecuente pues suele ocasionarse en el lóbulo temporal, que es también el tipo de epilepsia más común, recibe su nombre debido a que se percibe como una sensación abdominal o epigástrica en forma ascendente. Los pacientes suelen describirla como una sensación o presión abdominal no placentera, acompañada de náuseas o sensación de vacío estomacal.
  • Aura psíquica o experiencial. Se caracteriza por síntomas dismnésicos (de trastornos de la memoria) que suelen presentarse como distorsiones de los recuerdos que pueden originar sensaciones de familiaridad como deja-vu -más frecuente en personas que además sufren migrañas-, sensaciones de extrañeza como jamais vu y fenómenos de recolección rápida de experiencias pasadas (visión panorámica), distorsión en la apreciación del tiempo, despersonalización y sensaciones de irrealidad.

Cuando una persona atraviesa por una de estas crisis puede experimentar ilusiones, es decir, deformación de objetos y estímulos sensoriales. Las ilusiones visuales suelen ser percepciones distorsionadas de tamaño o forma de objetos, percepción de objetos en blanco y negro (acromatopsia o monocromatismo) o con colores diferentes, que suelen ser rojo (eritropsia) o amarillo (xantopsia). Dentro de las ilusiones auditivas suelen ser comunes la percepción incrementada o disminuida de los sonidos (macroacusia y microacusia respectivamente) y percepción de sonidos paulatinamente más próximos. Otros trastornos relacionados con el aura son:

Motores

  • Sin marcha, con contracciones tónicas o que sólo afectan a una parte del cuerpo.
  • Con marcha o Jacksonianas, contracciones tónicas o clónicas que inician en un segmento corporal y se propagan hasta abarcar la mitad del cuerpo.
  • Crisis versivas, en las que se produce una desviación conjugada de los ojos con giro de la cabeza, y en ocasiones del tronco y de la extremidad del lado hacia donde voltea la cabeza.
  • Crisis posturales, en las que se detiene el movimiento por completo y crisis fonatorias en las que se afecta la vocalización de sonidos.

Sensoriales

  • Somatosensoriales, sensaciones como adormecimiento, frío, calor, dolor, sensación de pérdida de una parte del cuerpo o adormecimiento que puede propagarse hasta la mitad del cuerpo.
  • Auditivas, es decir percepción de sonidos simples que no existen.
  • Percepción de fenómenos visuales simples como luces, colores o manchas.
  • Percepción de olores y sabores, principalmente desagradables.

Psíquicas

  • Dificultad para la comprensión o expresión del lenguaje (disfasia).
  • Alucinaciones estructuradas, percepción de melodías o conversaciones.
  • Ilusiones visuales o auditivas (arriba mencionadas).
  • Cambios afectivos, de humor, miedo, depresión, ira, etc.
  • Trastornos cognitivos como falta de comprensión o presentación de ideas no relacionadas con el momento.

Otros

  • Náuseas
  • Cambios de la presión arterial.
  • Deseo inminente de orinar o defecar.
  • Sonidos intestinales.

El aura suele percibirse como un aviso de que una crisis convulsiva va a ocurrir, es muy importante contar con asesoría médica y medicamentos adecuados para disminuir la intensidad y frecuencia de estas crisis.